Advertencia de inundación: se necesitan medidas urgentes en tres continentes

Las inundaciones en áreas urbanas son un riesgo creciente en muchos países del mundo en desarrollo. Esta columna explica por qué se necesitan urgentemente acciones integradas para adaptarse a las inundaciones en la mayoría de las ciudades de África, Asia y América Latina. Sobre todo, para ayudar a las personas desfavorecidas que viven en zonas de viviendas inadecuadas. Debemos abarcar, en múltiples escalas, los vínculos entre los procesos geofísicos, los conductores humanos y las víctimas. También debemos responder en todos los niveles, desde los hogares individuales hasta los gobiernos nacionales, así como a nivel de la gestión internacional de cuencas fluviales.

Comprender la adaptación a las inundaciones implica examinar cómo las actividades urbanas cotidianas exacerban los riesgos de inundaciones. También requiere comprender cómo reducir la exposición no equitativa a los riesgos de inundación en todos los niveles, desde el hogar individual hasta los gobiernos nacionales, y la gestión internacional de cuencas fluviales.

Los cambios globales, rurales y urbanos se afectan mutuamente. La adaptación coordinada debe tener en cuenta las diferentes escalas de problemas de inundación que surgen de grandes flujos de inundación en los principales ríos producidos por ciclones tropicales, desagües y canales urbanos desbordados e inundaciones costeras de grandes lagos o mares durante tormentas muy intensas, tormentas inusuales o eventos de onda sísmica.

La altura real y el alcance de cualquier inundación están determinados por la naturaleza de la superficie del terreno, las dimensiones de los canales o costas a lo largo de los cuales se desarrollan los flujos de inundación y por las obstrucciones locales al movimiento del agua. Diversas acciones humanas, que forman colectivamente las "dimensiones humanas" de las inundaciones, cambian la cobertura del suelo, alteran la capacidad de infiltración del agua e impiden su flujo a lo largo de los canales.

Las personas se adaptan a las inundaciones locales a nivel doméstico y comunitario. Utilizan estrategias de protección de la propiedad, como construir barreras al agua, levantar casas sobre pilotes y obtener un seguro contra inundaciones para minimizar las pérdidas. Pero tales acciones rara vez se coordinan. La protección de una vivienda puede provocar que empeore la inundación de la propiedad vecina.

La acción a nivel comunitario es, a menudo, difícil en comunidades desfavorecidas dentro de asentamientos informales. La resiliencia social a menudo es débil y las comunidades no pueden movilizar sus propios recursos de manera rápida ni efectiva. La capacidad social para adaptarse a las inundaciones y recuperarse de ellas es mucho menor de lo que podría ser de existir una coordinación social o gubernamental.

Los planes municipales de adaptación a menudo sugieren el retiro de personas de los asentamientos informales, que generalmente se consideran desarrollos ilegales. A veces, los poderosos políticos locales frustran los esfuerzos municipales y nacionales de reubicación; frustran así, esta estrategia de adaptación. Y ahí en donde si se lleva a cabo, la adaptación municipal a las inundaciones, se ocupa principalmente de las obras estructurales para contener y evacuar las inundaciones rápidamente.

En Kuala Lumpur, Malasia, por ejemplo, los muros de concreto construidos hace 40 años dirigen las inundaciones de aguas a través del centro de la ciudad, a menudo tan rápido y a tal altura que el agua obstaculiza la entrada de los afluentes en el cauce del río y esto provoca inundaciones que viviendas de baja altitud se inunden. Soluciones de este tipo, en lugar de reducir o aliviar los problemas ambientales, por lo general producen injusticias ambientales; las comunidades desfavorecidas sufren y los grupos más ricos se benefician.

Si bien la adaptación a las inundaciones debe planificarse sobre una escala de cuenca hidrográfica, la gestión de cuencas hidrográficas suele tener como objetivo garantizar una participación razonablemente equitativa en los suministros de agua para la agricultura, el uso urbano, la hidroelectricidad y las pesquerías río abajo. Lidiar con las inundaciones a menudo es una preocupación secundaria.

En África, la principal preocupación de Egipto y Sudán es tener suficiente agua del río Nilo para abastecer las ciudades y cultivar alimentos. Los estados río arriba necesitan la energía hidroeléctrica de las presas y el agua para sus poblaciones en crecimiento. Sin embargo, la agricultura y la silvicultura han causado la erosión que reduce la capacidad de los embalses para retener agua, lo que a veces requiere que los flujos de las montañas se liberen temprano y causen la inundación de las tierras de cultivo río abajo. Tales eventos ilustran la necesidad de asignación flexible de agua, biodiversidad, protección de la calidad del agua, control de inundaciones y mantenimiento de la infraestructura.

Una adaptación responsable a las inundaciones implica que, quienes cambian las cosas río arriba deberían asegurarse de que sus acciones no empeoren las cosas para las personas en la llanura de inundación o cerca de ella. Aquellos que empeoran las inundaciones al cambiar el paisaje no suelen sufrir las consecuencias de sus acciones. Para clarificar la responsabilidad debemos comprender los vínculos entre los procesos geofísicos, los conductores humanos y las víctimas humanas en múltiples escalas.

Las agencias gubernamentales lentamente reconocen la importancia de las redes y organizaciones comunitarias en la adaptación a las inundaciones. Tales acciones de colaboración no deben convertirse en una excusa de los gobiernos para descargarse de sus responsabilidades.

Los gobiernos nacionales y municipales deberían trabajar juntos para proporcionar mitigación de inundaciones y adaptación mediante acciones locales, regionales o nacionales a escalas apropiadas. Las comunidades lidiarán con problemas completamente dentro de sus áreas, los gobiernos locales actuarán sobre asuntos que surjan dentro de sus límites, mientras que los gobiernos nacionales o las organizaciones internacionales de cuencas hidrográficas lidiarán con problemas a través de muchas administraciones.

Son abundantes los ejemplos de buenas prácticas en términos de acción local y procedimientos individuales de adaptación a las inundaciones. Algunos planes municipales tienen objetivos multifuncionales, pero otros pueden tener sólo un propósito.

La colaboración a mayor escala está plagada de problemas sobre cómo lograr la confianza y la cooperación entre los diferentes sectores de la sociedad urbana, y sobre cómo superar décadas de división social y desigualdad. La desconfianza, como la sospecha de un gobierno local por parte de los gobiernos nacionales y la sospecha de las ONG por parte de la mayoría de los gobiernos en el Sur Global, dificulta el trabajo efectivo a diferentes escalas dentro de cualquier ciudad.

Es clave lograr que las personas que están muy preocupadas por los medios de subsistencia inmediatos y por las cuestiones de seguridad en sus propios hogares y negocios puedan ver el panorama completo y para ajustar su adaptación a las inundaciones en un contexto más amplio. El reconocimiento de que las víctimas de las inundaciones generalmente no son los autores de las acciones agravantes es importante para todos los sectores de la sociedad.

 

Autor:

Ian Douglas es Profesor Emérito de Geografía en la Escuela de Medio Ambiente, Educación y Desarrollo de la Universidad de Manchester en el Reino Unido.