Cuando la adaptación al cambio climático empeora las cosas: la experiencia de Perú

En muchas partes del mundo el cambio climático está provocando temperaturas inusualmente elevadas, sobre todo, durante periodos de crecimiento de sus cultivos. Esta columna informa sobre las respuestas de algunos agricultores peruanos a la experiencia del calor extremo. Los hallazgos indican que se están adaptando a las perturbaciones climáticas de corto plazo al aumentar el trabajo agrícola de los hogares y el uso de la tierra para mantener sus niveles de consumo. Las reacciones de los agricultores pueden a su vez resultar en daños a largo plazo para su propio bienestar. La intervención del gobierno, posiblemente incluyendo el seguro de cosechas, podría ser esencial. 

Estimar los costos del cambio climático es un reto, porque es difícil predecir cómo reaccionará la gente. Los investigadores a menudo evalúan los modelos basados en los patrones climáticos históricos y los datos agrícolas para llegar a las predicciones de los rendimientos de los cultivos futuros, pero esto supone que todo lo demás se mantendrá constante. No obstante, esto no suele ser así.

Algunos  estudios sugieren que deberían tomarse en cuenta también las reasignaciones de la actividad económica, como la migración, los cambios en los patrones comerciales o el empleo sectorial. Otros estudios, basados en estrategias adaptativas autodeclaradas de los agricultores, enfatizan los cambios en el consumo y el ahorro como posibles respuestas temporales.

Por lo general, se supone que estos modelos evalúan el límite superior de los costos económicos del cambio climático. Se supone que la adaptación futura reducirá esos costos. Pero la adaptación ya podría estar en juego, y la comprensión de las reacciones de los agricultores a las crisis climáticas puede arrojar luz sobre posibles estrategias de mitigación.

En nuestra investigación, exploramos cómo los agricultores peruanos se adaptan y cambian sus prácticas agrícolas en respuesta a las altas temperaturas. El estudio es uno de los primeros en examinar la adaptación a las crisis climáticas en el mundo en desarrollo y considera a los agricultores como a productores y consumidores.

Nuestra investigación demuestra cómo la adaptación puede afectar significativamente las predicciones de los impactos del cambio climático y, al mismo tiempo, mitigar los impactos en el corto plazo. Pero la adaptación también puede traer costos adicionales a mediano y largo plazo. Las estimaciones habituales de los costos del cambio climático pueden estar midiendo mal el verdadero impacto de las más elevadas temperaturas en los países en desarrollo en relación con los rendimientos agrícolas, definidos por la producción y la tierra utilizada.

Los agricultores de nuestra muestra generalmente poseen menos de tres hectáreas (7.4 acres) de tierra y utilizan tecnologías básicas, como arados de mano o tirados por animales. Su producción a pequeña escala de maíz, papas, frutas y granos es suficiente para mantener a flote a sus familias en épocas de bonanza. Pero cuando se enfrentan a un número significativo de días de alta temperatura (más de 36 grados Celsius) durante la temporada de crecimiento de sus cultivos, sus rendimientos disminuyen y tienen que adaptarse.

Encontramos que la principal respuesta de estos hogares es aumentar la cantidad de tierra y el trabajo doméstico que utilizan, incluida la mano de obra infantil. Los hogares que poseen ganado suelen vender sus animales. También reducen la cantidad de los diferentes cultivos que cosechan y aumentan su dependencia de los tubérculos.   

Esto tiene implicaciones importantes para la estimación de los impactos del cambio climático en la  producción agrícola. Mostramos que la caída observada en la producción agrícola después de una estación cálida es una subestimación del verdadero efecto de las altas temperaturas en la productividad, atenuada por los esfuerzos de los agricultores para mantener la producción por encima de los niveles de subsistencia. Esto significa que las temperaturas promedio más altas pueden tener un efecto más perjudicial en la productividad agrícola de lo que se podría inferir al solo observar las fluctuaciones en el producto.

Las adaptaciones que documentamos también podrían tener serias ramificaciones para los propios agricultores. Los agricultores tradicionalmente mantienen una porción significativa de sus tierras en barbecho para romper los ciclos de enfermedades, reponer los nutrientes del suelo y reducir la erosión. Poner la tierra en barbecho en producción prematuramente paga los gastos inmediatos y pone la comida sobre la mesa.

Lo anterior, un ejemplo de comportamiento adaptativo que intensifica los costos del cambio climático, a largo plazo conduce a rendimientos decrecientes. Lo mismo es cierto para la dependencia de menos cultivos y la reducción del ganado: hace que los ingresos de los agricultores sean menos diversificados y los expone a grandes pérdidas en el futuro.

Aumentar la dependencia de la mano de obra infantil también tendrá serias implicaciones para el futuro de los niños involucrados, ya que podría interferir con su educación.

Si bien nuestros datos no nos permiten estimar las implicaciones de estas adaptaciones en un periodo más largo, futuros estudios en esta área proporcionarán una imagen más clara de la importancia de este canal indirecto de impactos del cambio climático.

Estos patrones sugieren una necesidad de planificación a largo plazo e intervención del gobierno, posiblemente incluyendo un seguro de cosechas, para asegurar el bienestar futuro y la seguridad alimentaria en áreas rurales.

Ese sería el caso no solo en Perú, sino también de Bolivia, Colombia y Ecuador, así como de otras partes del mundo en desarrollo, donde los pequeños productores enfrentarán los crecientes desafíos del cambio climático y la adaptación.

 

Autores:

Francisco es responsable de Proyectos de Investigación en el Centro para la Evaluación de Políticas de Desarrollo [Centre for the Evaluation of Development Policies (EDePo)], parte del Instituto de Estudios Fiscales (IFS). 

 

Fernando Aragón es Profesor Asociado de Economía en la Universidad Simon Fraser (Canadá).  

Juan Pablo es Profesor Adjunto de Economía en Royal Holloway, Universidad de Londres e Investigador Asociado del Instituto de Estudios Fiscales (IFS).