Prioridades de desarrollo sostenible en tiempos de Covid-19

¿Cuáles son los posibles efectos de la pandemia del Covid-19 sobre los progresos para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)? Esta columna analiza las inseguridades humanas exacerbadas por la crisis que amenazan la vida, los medios de subsistencia y el bienestar de cientos de millones de personas. El autor recomienda volver a priorizar la implementación de las metas de los ODS para brindar protección a los más vulnerables.

La carga de la pandemia del Covid-19 se extiende mucho más allá de sus impactos directos. Además de provocar nuevas conmociones, la posible recesión de la crisis está revirtiendo los avances en materia de desarrollo logrados en los últimos años. Por ejemplo, revertir la tasa mundial de pobreza a los niveles anteriores a 1990 con un aumento potencial en el número de personas que viven en la pobreza de 420 a 580 millones.  

Para finales de año, es probable que la crisis agregue 130 millones de personas más a los 821 millones de población humana que padece hambre crónica. Entre ellos, 270 millones sufrirán una grave inseguridad alimentaria. Si bien la enfermedad ha provocado que casi 1,500 millones de estudiantes no asistan temporalmente a la escuela, esto provocará tasas de deserción más altas entre las poblaciones más vulnerables: niñas en edad escolar en los países menos desarrollados y campamentos de refugiados.

De manera similar, debido a la alteración de los sistemas de salud, la pandemia revertirá los avances en salud pública mundial logrados en las últimas dos décadas. Al exponer a millones de personas, principalmente en países en desarrollo, a enfermedades mortales como la malaria, la tuberculosis y el VIH/SIDA, la prevalencia de estas enfermedades alcanzará nuevas alturas.

Estos son algunos ejemplos de los posibles costos que la pandemia ha estado infligiendo a las vidas y los medios de subsistencia de los seres humanos al explotar sus vulnerabilidades a las inseguridades económicas, sanitarias, alimentarias, sociales, educativas y de otro tipo.

En general, estas inseguridades no solo imponen tremendos retrocesos a la implementación de la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sino que también tienen un gran potencial para revertir algunos de los logros que se han logrado en las últimas dos décadas.

Todo esto está sucediendo en un momento en que el mundo se ha dado cuenta de la necesidad de redoblar los esfuerzos necesarios para encaminar la Agenda de Desarrollo Sostenible hacia el logro de sus objetivos para el 2030. Como tal, para reducir la velocidad y el alcance del curso inverso de los beneficios del desarrollo y para evitar las perturbaciones que se avecinan, la iniciativa de desarrollo sostenible debe volver a priorizar su implementación.

La razón fundamental para volver a priorizar es la evolución de los nuevos contextos humanitarios y de desarrollo a nivel mundial y nacional frente a la crisis del Covid-19. Dos realidades emergentes interrelacionadas definen este contexto: el cambio de prioridades a nivel mundial y nacional, y la creciente inseguridad humana: económica, alimentaria, sanitaria, educativa y de otro tipo.   

Primero, en medio de esta crisis global, los gobiernos, principalmente los del hemisferio sur, han estado reorientando sus recursos hacia la lucha contra la propagación y la posible segunda ola del coronavirus y sus efectos inmediatos, como el hambre.

Además, las organizaciones internacionales están prometiendo asistencia de emergencia a estos países en esta lucha. Con el objetivo de responder de manera oportuna a las necesidades más graves de la pandemia del Covid-19, tales respuestas son necesarias y lógicas, y están encaminando sus esfuerzos por el camino correcto. Pero esto limitará la capacidad y las opciones de políticas a nivel nacional e internacional para invertir suficientes recursos para la implementación exitosa de los ODS en todos los ámbitos.

La capacidad para lograr una implementación integral se verá inevitablemente desafiada durante algunos años, de manera similar a cómo la recesión económica mundial de 2008/2009 impuso limitaciones para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

La segunda razón, e interrelacionada, para volver a priorizar la implementación de los ODS son las nuevas inseguridades emergentes de las poblaciones vulnerables. Además de infligir muchos dolores y pérdidas directos, la pandemia ha puesto de manifiesto y expande aún más las amplias y profundas inseguridades estructurales impuestas por las amenazas ignoradas e invisibles. Revela cuán divididas están las personas frente a la indigencia repentina.

Estas inseguridades endurecerán aún más las recesiones del desarrollo de los vulnerables. Cientos de millones de personas son propensas a enfrentar el hambre y la pobreza inminentes, perder oportunidades educativas y soportar cargas de salud más pesadas y otras conmociones de la pandemia.

Estas posibles recesiones sugieren que, si bien las intervenciones de desarrollo son fundamentales para mejorar la calidad de vida de la mayoría de la humanidad, no constituyen el camino completo hacia el logro del desarrollo sostenible. El eslabón fundamental, aunque a menudo olvidado, de esta ecuación es la necesidad de abordar las inseguridades humanas.

El rostro humano más prominente de estas inseguridades se presenta en forma de desigualdades en la resiliencia de las personas: su capacidad para hacer frente a las amenazas reales y potenciales de situaciones extremas y urgentes. El Covid-19 expone claramente la gravedad de estas incapacidades para una gran proporción de la población mundial.

En la era actual, caracterizada por choques extremos frecuentes e intensificados, abordar estas desigualdades es fundamental para la supervivencia y protección de la mayor parte de la humanidad. Por otro lado, la falta de intervenciones para crear entornos propicios para la supervivencia humana y la protección frente a las amenazas emergentes traerá destituciones repentinas sin precedentes, un desarrollo desencadenante y más “falta de libertades”.

Las diversas metas de los ODS se relacionan tanto con el desarrollo (la expansión de las capacidades y opciones de las personas) como con la seguridad (brindar protección). Sin embargo, a nivel de políticas e implementación, esto último se ha pasado por alto. En la matriz de las metas, la prioridad debe reorientarse hacia aquellas que estén enfocadas en brindar protección frente a las amenazas e inseguridades más apremiantes.

Además, garantizar la seguridad humana requiere un cambio fundamental y estructural. Dicho cambio puede iniciarse centrándose en los objetivos y metas que exigen niveles mínimos de vida en todas partes: provisión de educación básica y salud para todos, facilitación del comercio en favor de los pobres y provisión de servicios sociales y redes de seguridad. 

Si bien darse cuenta de la implementación exitosa de los ODS tiene sus propios desafíos técnicos y políticos, la falta de priorizar los objetivos para las circunstancias extremas de hoy resultará en costos exponenciales, incluida la anulación y la reversión de algunos de los logros de desarrollo hasta ahora.

La crisis del Covid-19 ha convertido estadísticas de desigualdades en gran parte pasadas por alto en una muestra gráfica del rostro humano de la desigualdad. Revela que, con la existencia de tal desigualdad, ningún desarrollo y progreso es sostenible. Más específicamente, en la era moderna, sin proteger y preservar la vida y el bienestar de los más vulnerables frente a las amenazas emergentes, ninguna agenda de desarrollo hará realidad su visión.

 

Autor:

Atal Ahmadzai es Investigadora Postdoctoral en la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad de Arizona. Tiene un Doctorado en Asuntos Globales de la Universidad de Rutgers. Además, en calidad de profesor adjunto, Atal ha impartido cursos relacionados con el desarrollo global, la sostenibilidad, la gobernanza global y metodologías de investigación.