Abordar las desigualdades de género en el acceso al transporte público

El diseño de la infraestructura del transporte público debe tener en cuenta las diferencias en la forma en que hombres y mujeres requieren utilizar los servicios esenciales que se les proporcionan, así como los peligros de la violencia de género. Esta columna explora las diferencias de género en los requerimientos para desplazarse y, dado que el transporte puede desempeñar un papel en las tareas de promover la productividad y la equidad social de las mujeres, destaca algunas políticas para hacer del transporte un “igualador de género”. Se require más atención a las necesidades de las mujeres para que las políticas en materia de transporte sean sostenibles.

El transporte y la movilidad brindan el servicio fundamental de acceso a empleos, bienes, servicios, salud, educación y mercados. El acceso a servicios de transporte sostenibles es un importante objetivo de las políticas. Aunque se supone que la inversión en proyectos de transporte beneficiará a todos por igual, la realidad es que las mujeres, los hombres, los niños y las niñas tienen diferentes necesidades y limitaciones en el uso del transporte. Por lo tanto, los resultados no son equitativos.

No reconocer esto da como resultado sistemas de movilidad y transporte insostenibles. Con el tiempo, las cuestiones de género en el sector, con respecto a la manera en que hombres, mujeres, niños y niñas acceden y experimentan la infraestructura y los servicios de transporte, han ganado vigencia en materia de políticas.

Es importante centrarse en las políticas con perspectiva de género, dado que las mujeres enfrentan más limitaciones en su movilidad y sus patrones de transporte difieren de los de los hombres. Esto se debe a la “triple carga” de las mujeres: funciones reproductivas como la maternidad, el cuidado de la familia y las tareas domésticas; roles productivos; y roles comunitarios.

Evidencia de Kenia

La investigación sobre los patrones de desplazamiento en Nairobi muestra que la mayoría de los pobres no pueden pagar las opciones de transporte motorizado en la ciudad. Los datos muestran que las familias gastan entre el 14% y el 30% de sus ingresos en transporte. Las familias se las arreglan limitando sus viajes fuera de su poblado o, cuando es necesario, caminan.

Los resultados muestran que la carga de movilidad reducida recae de forma desproporcionada sobre las mujeres y los niños debido al papel que se espera de ellos. Las mujeres también tienen más probabilidades de ser pobres que los hombres y, por lo tanto, sus opciones de transporte son más limitadas.

En comparación con los hombres, las mujeres suelen tener recorridos más breves y frecuentes en distintos momentos debido al cuidado de los niños y los roles domésticos. La necesidad de desplazarse de las mujeres va más allá de los factores típicos del empleo, la educación y el tiempo libre. Esta necesidad abarca factores adicionales como el acceso al agua, la energía, los servicios de salud, los alimentos y los recursos nutricionales, lo que se conoce como “movilidad del cuidado”. Suelen combinar diversos fines y varios destinos en un solo recorrido.

Por lo tanto,en la planificación y el diseño del transporte, es importante comprender que las mujeres generalmente valoran la conveniencia y la flexibilidad más que el ahorro de tiempo. También debe reconocerse que las mujeres asumen una mayor parte de los gastos en transporte en comparación con los hombres.

La encuesta sobre el presupuesto familiar integrado de Kenia [Kenya Integrated Household Budget survey] (2015/16) reveló que el 69% de las familias rurales dedican 30 minutos o menos a buscar agua, mientras que el 18% dedica 30 minutos o más. En las zonas urbanas, el 57% dedica 30 minutos o menos a la misma actividad, mientras que el 4.1% de las familias dedica 30 minutos o más. Esta carga del tiempo invertido recae sobre las mujeres. Para acceder a los recursos energéticos, las mujeres dedican una media de 77 minutos a la semana en comparación con los 13 minutos de los hombres.  

Violencia de género en el transporte

Las mujeres experimentan un mayor riesgo de victimización y violencia de género en el sector del transporte. Una encuesta en la Ciudad de Nairobi por la Iniciativa Flone sobre la violencia contra las mujeres y las niñas (VAWG, por sus siglas en inglés) en 2018 encontró que los incidentes de violencia contra mujeres y niñas en vehículos de servicio público son comunes y generalizados en todas las rutas seleccionadas. La violencia contra mujeres y niñas ocurre principalmente en la parada o estación del autobús (64%) y el 18% dentro del vehículo.

La exposición a la violencia de género en el transporte afecta la libertad y las opciones de mujeres y niñas. Para hacer frente a la violencia de género, las mujeres tienden a evitar el transporte público o ajustar la hora del día en que viajan. También pueden restringir sus viajes a destinos más cercanos a sus establecimientos o evitar viajar por completo debido a la angustia causada por la violencia de género. 

Sistemas de transporte para todos

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible abordan el tema de género en el Objetivo 11, que busca brindar acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles para todos, mejorando la seguridad vial, en particular mediante la expansión del transporte público con especial atención a las necesidades de las personas en situaciones vulnerables: mujeres, niños, personas con discapacidad y personas mayores. 

La política de transporte nacional integrada en Kenia identifica el papel de los medios de transporte no motorizados e integrados (NMIMT, por sus siglas en inglés) en la consecución del equilibrio de género en el desempeño de las actividades económicas individuales y familiares. Reconoce que las mujeres realizan la mayor parte de las actividades sociales y económicas del hogar y son las que tienen que caminar y llevar el cargamento sobre la cabeza o la espalda para llevar a cabo las tareas domésticas.

La política integrada aboga por la necesidad de “equilibrar la carga” reduciendo el tiempo que las mujeres dedican a trasladarse en sus alrededores. También prevé intervenciones para reducir la necesidad que tienen las mujeres de desplazarse con el fin de cumplir con sus funciones domésticas. La política apunta a lograr esto fomentando el suministro y uso de los medios de transporte no motorizados e integrados a través de esquemas de provisión de infraestructura y crédito. La evidencia muestra que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de vivir, trabajar y mudarse a áreas densas que reduzcan la necesidad de desplazarse.

Existe un entorno politico favorable para abordar la desigualdad de género en Kenia. Pero existe una brecha en el sentido de que las necesidades de las mujeres en los planes de transporte no están bien integradas. Las intervenciones del proyecto deben identificar las preferencias de desplazamiento de mujeres y hombres, y explorar las limitaciones de tiempo y los factores de aversión al riesgo que influyen en los patrones y opciones de los traslados.

Por ejemplo, factores personales como la imagen, las normas, la confianza y las preocupaciones por la seguridad afectan las opciones de las niñas para desplazarse en bicicleta. Las políticas de transporte deben tener en cuenta estos factores para promover la equidad de género y el transporte sostenible.

Los proyectos que están diseñados para mejorar el acceso a la energía y el agua en los hogares son fundamentales para resolver las desigualdades de género que se experimentan en el transporte y la movilidad. Los proyectos de transporte podrían beneficiarse de la realización de un análisis de género a lo largo del ciclo de vida del proyecto, desde la conceptualización, el diseño y la planificación hasta la construcción, operación y mantenimiento.

Política de transporte basada en evidencias

Deberían mejorarse las encuestas y la elaboración de modelos de los requerimientos en materia de transporte mediante la recopilación de datos desglosados por sexo y estadísticas de género para atender las preocupaciones en materia de género. Esto puede diseñarse para capturar el comportamiento de traslado de mujeres y hombres y los factores subyacentes.

Los métodos de recopilación de datos deben capturar la división del trabajo por género en los hogares y cómo esto afecta las decisiones de traslado. Los viajes no remunerados, como los viajes de asistencia, deben hacerse visibles y contabilizarse en el análisis de los requerimientos en materia de transporte.

El diseño del transporte público debe garantizar la accesibilidad especial y física por género, la densidad y frecuencia adecuadas de la red de transporte público, los servicios puerta a puerta y la integración del transporte público con las formas de transporte intermedias y no motorizadas.

Tener asientos y puertas exclusivos para mujeres en los autobuses, e incluso autobuses y servicios de transporte público exclusivos para mujeres, puede utilizarse para abordar los desafíos de seguridad para las mujeres. Los estudios han recomendado mejorar la iluminación, la policía y la vigilancia (CCTV) y la provisión de centros de ayuda para disuadir la violencia de género y crear espacios seguros para las mujeres y niñas que utilizan el transporte público.

 

Autor:

James Gachanja es analista senior de políticas en el Instituto de Kenia para la Investigación y el Análisis de Políticas Públicas (KIPPRA).