Normas de género y desplazamiento inducido por el conflicto: evidencias desde Colombia

¿Las normas de género cambian en situaciones en que el conflicto obliga a millones de personas a huir de sus hogares? Esta columna proporciona evidencias desde Colombia respecto a que los cambios durante unos momentos tan traumáticos pueden ser contradictorios, con mejoras en un área que no implican necesariamente avances en otras. Por ejemplo, las normas que toleran la violencia contra las mujeres se relajan con los desplazamientos, mientras que las que limitan el acceso de las mujeres a las oportunidades económicas se vuelven más restrictivas.

Las normas de género limitan el acceso de las mujeres a oportunidades,  servicios básicos y la participación en procesos de toma de decisiones. También pueden desacelerar el crecimiento económico y obstaculizar la reducción de la pobreza.

Un creciente número de investigaciones (incluyendo estudios de El-BushraFiddian-Qasmiyeh y Gururaya) sugieren que el desplazamiento a causa de conflictos -uno de los hechos más traumáticos que puede experimentar una comunidad - puede acelerar cambios en las normas de género. El desplazamiento puede exponer a las personas a diferentes normas y estructuras culturales que cuestionan o refuerzan las normas de género, como los líderes religiosos. Por ejemplo, estudios de Gulesci y Tuccio y Wahba exploran estos mecanismos en Oriente Medio.

En mi trabajo, estudio el caso sobre el desplazamiento en Colombia, un país que ha sufrido conflictos internos durante la mayor parte del siglo XX. Las drogas ilícitas, la debilidad de sus instituciones, la presencia de múltiples grupos armados que luchan por el control de los recursos y las tierras, y los altos niveles de pobreza y desigualdad son sólo algunos de los factores que alimentan esta violencia.

El desplazamiento provocado por el conflicto está vinculado a la violencia, pero las causas subyacentes son tan complejas como su propia prolongación en el tiempo. A finales de 2019, 45,7 millones de personas en todo el mundo se habían visto obligadas a huir de sus hogares, el 12% de las cuales eran internamente desplazadas en Colombia. Este es el segundo mayor desplazamiento después de Siria.

Los desplazamientos en Colombia afectan de manera diferente a mujeres y hombres. Por ejemplo, estudios realizados por Calderón et al.Meertens y Segura-Escobar y Meertens y Stoller indican que los desplazamientos desde las zonas rurales hacia las urbanas a menudo representan la falta de oportunidades para los hombres, cuyas habilidades agrícolas no son relevantes en las ciudades, pero en cambio una mayor probabilidad de empleo para las mujeres debido a su papel en el ámbito doméstico. Estas dinámicas generan tensiones y desafían las normas de género que asignan a los hombres el papel de principales sostenes de la familia.

Analizo los datos de las Encuestas de Demografía y Salud de Colombia relativas al período que comprende los años entre 2005 y 2015 para examinar si las normas de género, medidas por comportamientos y actitudes, cambian entre las mujeres desplazadas – en comparación con las mujeres no desplazadas con características similares.

Los resultados son diversos:

  • El desplazamiento reduce la tolerancia a las normas que justifican la violencia contra las mujeres. Las mujeres desplazadas tienen más probabilidades que las no desplazadas de rechazar declaraciones como ‘las mujeres permanecen en relaciones abusivas porque les gusta’. También es más probable que confronten o desafíen a un amigo que maltrate a una mujer.
  • Sin embargo, las normas de género que limitan las oportunidades económicas de las mujeres se vuelven más rígidas entre los desplazados. Concretamente, el desplazamiento refuerza las actitudes tradicionales con respecto al papel de las mujeres como cuidadoras. A pesar de trabajar más horas que sus contrapartes no desplazadas, es menos probable que las mujeres desplazadas tengan poder de decisión en relación con sus ingresos.
  • También existen incoherencias entre actitudes y comportamientos en ámbitos específicos de las normas de género. Por ejemplo, las mujeres desplazadas tienen menos probabilidades que sus contrapartes no desplazadas de estar de acuerdo con declaraciones patriarcales como ‘una buena esposa obedece a su marido’. Pero su capacidad para tomar decisiones sobre la anticoncepción también disminuye con el desplazamiento.

¿Qué factores pueden contribuir a estos resultados? Un próximo estudio cualitativo de Escobar et al. sugiere que, a pesar de correr un mayor riesgo de violencia doméstica debido a los cambios de los roles asociados al género en la esfera económica, las mujeres desplazadas han aprendido a establecer límites con parejas hostiles. Conocen sus derechos y posibilidades de orientación, y a menudo crean redes de apoyo que proporcionan protección en las comunidades de acogida.

En el caso de la anticoncepción, la contradicción se deriva del hecho de que los hombres desplazados asocian el control reproductivo de las mujeres con la infidelidad y, por lo tanto, rechazan el uso de métodos anticonceptivos. Sin embargo, las mujeres parecen cuestionar dicha norma con el uso de métodos anticonceptivos clandestinos proporcionados por redes comunitarias o institucionales.

Aunque estas conclusiones arrojan luz sobre los cambios en las normas de género en situaciones de desplazamiento, siguen existiendo algunas limitaciones. Mi estudio se vio limitado por la ausencia de datos específicos sobre los hombres. No obstante, centrarse en las opiniones de las mujeres y su propio poder de decisión proporciona una visión general de las dinámicas intrafamiliares que podrían brindar información sobre las actitudes y comportamientos de los hombres.

Obtener más información sobre las normas de género y si cambian en situaciones de desplazamiento es crucial para diseñar e implementar políticas encaminadas a ofrecer oportunidades a las personas desplazadas:

  • Los programas de asistencia social podrían eliminar los obstáculos a la anticoncepción proporcionando información para mejorar la aceptación y el apoyo de los hombres a los métodos modernos. Si bien esto puede no garantizar un cambio en las normas de género, puede brindar oportunidades a las mujeres desplazadas para superar algunos de los desafíos impuestos por esas normas.
  • Los programas de empoderamiento económico para los desplazados deberían incorporar directrices para proteger a las mujeres e involucrar a los hombres en la promoción de relaciones de género más equitativas.
  • Dada la naturaleza de largo plazo del desplazamiento en Colombia, es importante crear capacidades para que tanto las mujeres como los hombres accedan a oportunidades económicas y, con el tiempo, reemplacen la asistencia social.
  • Por último, la violencia por razón de género es una cuestión compleja que requiere una serie de intervenciones, como el diseño de instalaciones y servicios adecuados para las supervivientes y la participación de hombres y niños en la prevención y respuesta.

 

Autor: 

Eliana Rubiano-Matulevich es Economista de la Práctica Global de Pobreza (GP) del Banco Mundial y Coordinadora Regional de Género para la Región de América Latina y el Caribe.

 

Este trabajo es parte del programa "Building the Evidence on Forced Displacement: A Multi-Stakeholder Partnership''. El programa está financiado por la ayuda del Reino Unido de la Oficina de Relaciones Exteriores, Commonwealth y Desarrollo (FCDO) del Reino Unido. Es administrado por el Grupo del Banco Mundial (GBM) y se estableció en colaboración con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).