Globalización y desigualdad tras la pandemia

A medida que se atenúa la crisis del COVID-19, la reducción de la pobreza y la desigualdad mediante la mejora de las oportunidades de empleo constituyen el centro de muchas estrategias nacionales de recuperación económica. Sin embargo, como advierte esta columna, la desigualdad puede aumentar en tanto que los países apuestan por las cadenas de valor globales y la apertura comercial sin mejorar la cualificación de la fuerza laboral en general.

La repentina desaceleración económica resultante de la pandemia y los confinamientos ha confirmado la importancia de la integración global y de contar con una infraestructura más desarrollada digitalmente. La pandemia del COVID-19 también ha puesto de relieve las deficiencias existentes en la integración mundial de la producción de bienes y la interdependencia transfronteriza.

Estudios recientes confirman que los beneficios de las cadenas de valor globales aún superan los costos. Pero todavía se necesita realizar reformas. Los expertos en comercio advierten que la ausencia de bienes esenciales durante la pandemia no sólo se debió a interrupciones en la producción (‘en el lado del suministro’), sino también al drástico aumento de la demanda de dichos bienes.

De hecho, la evidencia que aboga por una mayor integración global y más apertura comercial sigue siendo positiva, especialmente para los países en desarrollo ya que se benefician de un aumento de la creación de puestos de trabajo, un número más elevado de transferencias tecnológicas, inversión extranjera directa y mejora de las capacidades.

Sin embargo, no todos los vínculos de la cadena de valor mundial son iguales. En países con niveles relativamente bajos de integración digital y capital humano, y políticas regulatorias restrictivas, la integración en las cadenas de valor globales tiende a ser menos profunda y a centrarse en los productos básicos en lugar de en la fabricación de bienes. Es probable que las cadenas de valor globales menos sofisticadas o los acuerdos globales de producción compartida tengan un menor impacto en la creación de más y mejores empleos.

Un papel claro para las cadenas de valor globales y las inversiones digitales en la fase de recuperación pospandemia

A medida que la crisis remite, la reducción de la pobreza y la desigualdad mediante un aumento del empleo formal y de su calidad se encuentra en el centro de la mayoría de las estrategias de recuperación económica en todo el mundo. Dadas las posibilidades para las empresas globalmente integradas de crecer y crear empleos, especialmente cuando se centran en productos más sofisticados, los responsables de la formulación de políticas quieren saber si una mayor apertura comercial puede ser parte de su estrategia de recuperación.

También se preguntan si una integración más profunda en las cadenas de valor globales puede contribuir a mejorar los bajos resultados actuales logrando un crecimiento inclusivo, según lo experimentado en los años previos a la pandemia. Este es el caso de Colombia y muchos otros países, donde los decisores políticos están evaluando una variedad de reformas de mercado como parte de su estrategia de recuperación.

Una investigación reciente estima los posibles efectos de las reformas para incentivar una mayor participación de las empresas colombianas en las cadenas de valor globales y las inversiones propuestas en infraestructura digital. El estudio valora el impacto sectorial y geográfico de distintas reformas para identificar posibles ganadores y perdedores.

Al igual que muchos países en desarrollo, Colombia se caracteriza por sus altos niveles de desigualdad previos a la pandemia, y donde los hogares más vulnerables – formados especialmente por trabajadores en el lado desfavorecido de la brecha digital y/o aquellos ocupados en empleos informales – vieron disminuir drásticamente sus oportunidades de empleo e ingresos.

El mundo pospandemia ofrece una oportunidad para que los recién llegados se vinculen a los acuerdos globales existentes de producción compartida convirtiéndose en proveedores fiables de insumos y servicios intermedios, así como de componentes esenciales de productos finales ensamblados en otros lugares. Esto resulta especialmente importante para los países en las Américas, situados geográficamente más cerca de los mercados de Estados Unidos y Europa.

Sin embargo, para ayudar a las empresas colombianas a integrarse mejor en los mercados globales de producción, el país requiere mejoras en sus marcos regulatorios para la expansión de la infraestructura y los servicios de aduanas. También necesita reducir las barreras arancelarias y no arancelarias a las importaciones, junto con esfuerzos para homogeneizar más los aranceles y estabilizar los cronogramas.

Los decisores políticos colombianos también reconocen la necesidad de reducir los costos logísticos y de transporte de mercancías mediante la modernización de los puertos marítimos y aeropuertos, y la eliminación de las barreras de entrada para la prestación de servicios auxiliares. También se comprende claramente la importancia de racionalizar la inversión extranjera directa para estabilizar las entradas netas, reducir las barreras no arancelarias para las multinacionales y fijar límites a la repatriación de los beneficios.

 

Reformas, reformas, reformas…y la importancia de las inversiones en capital humano

En consonancia con otros estudios recientes, el caso de Colombia muestra que, si bien la combinación de reformas produce la creación de puestos de trabajo en el sector formal, los empleos generados no benefician a los pobres y más vulnerables. Una razón clave es que la mayoría de los trabajadores que se encuentran en la parte inferior de la distribución salarial carecen de las habilidades para acceder a los tipos de trabajo que ofrecen las empresas que participan en acuerdos de producción global.

Los patrones de los países indican que a medida que se producen mejoras derivadas de la adhesión a acuerdos globales, los salarios aumentan, pero el empleo neto tiende a disminuir y las ganancias se concentran entre los trabajadores más cualificados. Por ejemplo, las mujeres trabajadoras se benefician de gran parte de los trabajos intensivos en mano de obra en países con estas industrias, pero a menudo salen perdiendo con las mejoras tecnológicas.

El impacto general del desarrollo de la infraestructura digital en el crecimiento a través de la generación de empleo formal puede tener un efecto visible en la reducción de la pobreza. Pero la desigualdad puede aumentar debido a un incremento de las habilidades especiales asociadas con el desarrollo de la infraestructura digital, con más empleos adaptándose al trabajo en remoto y el aprendizaje a distancia volviéndose más factible.

Hay algunas lecciones claras para los países que contemplan enfoques similares. Para generar un crecimiento inclusivo a través de reformas destinadas a intensificar la participación en acuerdos globales de producción e inversiones en infraestructura digital, es indispensable contar con un conjunto paralelo de reformas e inversiones mediante las cuales los hogares más pobres puedan acumular el capital humano necesario para acceder a empleos formales de mayor calidad.

Una reducción de la desigualdad puede producirse mediante una combinación de políticas que no sólo genere más empleos a través de una mayor integración en la producción global, sino que también introduzca plataformas que permitan a un conjunto más amplio de personas mejorar sus habilidades y trabajar a distancia.

Este planteamiento podría, en principio, generar empleos formales para trabajadores en el rango medio de la distribución del capital humano, ya que serán capacitados para operar con tecnología más sofisticada. También podría crear puestos de empleo para los trabajadores en el extremo inferior de la distribución de habilidades si las empresas vinculadas a cadenas de valor globales generan concatenaciones regresivas -comprando insumos y servicios intermedios a proveedores locales; formando con eficacia cadenas de valor nacionales y empleando a productores de sectores intensivos en mano de obra, que abastecen los procesos anteriores.

 

Autores:

Ximena V. Del Carpio es Gerente del grupo de Reducción de la Pobreza y la Desigualdad y Economista Líder en el Banco Mundial. Durante su carrera en el Banco la Dra. Del Carpio ha brindado asesoramiento sobre políticas públicas en las áreas sociales y económicas a gobiernos en América Latina y el Caribe, Asia oriental e Islas del pacífico, y la región de Europa y Asia Central. 

José Cuesta es economista del desarrollo, cuenta con un doctorado en economía de la Universidad de Oxford. Es profesor afiliado en la Escuela de Políticas Públicas McCourt de la Universidad de Georgetown.

Maurice D. Kugler es profesor de Políticas Públicas en la Escuela de Políticas y Gobierno Schar de la Universidad George Mason, con experiencia en investigación sobre el papel de las nuevas tecnologías para impulsar el crecimiento económico y la productividad laboral (también conocida como teoría del crecimiento endógeno)