Descarbonizar la economía: una visión desde el Sur

¿Cómo puede lograr el mundo niveles más altos de descarbonización sin comprometer el desarrollo económico? Esta columna explora el caso de Marruecos, un país en desarrollo decidido a contribuir al esfuerzo global contra el cambio climático. La evaluación de posibles vías de descarbonización sugiere que se debe prestar especial atención a una mayor penetración de la energía renovable para satisfacer la futura demanda de energía. Se necesitarán incentivos tanto financieros como no financieros para reducir el coste económico de la transición.

La crisis climática es una amenaza latente que se viene gestando desde hace varios años. Sus consecuencias afectan tanto a las personas como a las economías. Hacer frente al cambio climático es el Objetivo de Desarrollo Sostenible 13. De tal modo, muchos gobiernos se comprometieron a tomar medidas para abordarlo en el Acuerdo de París. Pero un informe reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIECC) de Naciones Unidas (NU) demuestra que los logros no han estado a la altura de las promesas realizadas.

Este hecho acentúa la urgencia de acelerar el ritmo de la contención mundial de las emisiones de carbono. Los países se enfrentan ahora a un doble desafío en un entorno mundial caracterizado por crisis frecuentes: asegurar el desarrollo económico y preservar el medioambiente. En este sentido, la transición energética puede ser un elemento crucial.

Evidencias desde Marruecos

El último censo de emisiones de gases de efecto invernadero en Marruecos muestra que están siguiendo una tendencia al alza. Aumentaron un 17% entre 2000 y 2016, alcanzando un equivalente de 86,128 gigagramos de dióxido de carbono en 2016. La industria energética – que consiste en la producción de electricidad y la generación de calor, así como el refinado de petróleo – es responsable del 26% de las emisiones del país, seguida por la agricultura (23%) y el transporte (20%).

Marruecos representa alrededor del 0.2% de las emisiones mundiales. Pero es probable que su nivel de emisiones aumente en las próximas décadas dado el continuo desarrollo económico y el crecimiento demográfico del país.

Para combatir el cambio climático, Marruecos presentó su ‘contribución nacional determinada’ (CND) revisada en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en junio de 2021. En su nueva CND, el país estableció un ambicioso objetivo de reducir el 45.5 % de las emisiones en lugar del 42 % en comparación con el escenario 'habitual' para 2030, incluyendo un objetivo incondicional de disminución del 18.3 % en lugar del 17 %. Además, Marruecos aspira a aumentar la seguridad del suministro reduciendo la dependencia en las importaciones de energía e incrementando el uso de la energía renovable en la generación de electricidad.

Según un estudio reciente, Marruecos puede lograr sus objetivos de descarbonización mediante una amplia electrificación de los sectores de uso final y una mayor utilización de energía renovable en la combinación para la generación de electricidad. En particular, el transporte, la generación de energía y, en menor medida, los sectores residenciales resultan vitales para descarbonizar el consumo de energía.

La elaboración de modelos económicos realizada como parte del mismo estudio demuestra que Marruecos puede lograr reducciones de emisiones nacionales del orden del 40% y el 70% en relación con un escenario habitual de forma rentable para 2030 y 2050, respectivamente. Sin embargo, cabría destacar que estos cálculos se refieren solamente a las emisiones de gases de efecto invernadero relativas a la energía, excluyendo el uso de la tierra, el cambio en el uso de la tierra y la silvicultura.

Mayor demanda de energía

La generación de electricidad en Marruecos está dominada por las fuentes térmicas, principalmente carbón, seguidas por el petróleo y el gas natural, representando las tres el 80% de la generación de electricidad total del país. Pero este porcentaje ha experimentado una tendencia descendente desde los años 1990 con un mayor uso de la energía renovable.

Las fuentes renovables de energía solar, eólica e hidroeléctrica significaron el 19% de la electricidad generada en 2020, frente al 15% que supusieron en 1990 (sólo hidroeléctrica). En cuanto a la energía nuclear, Marruecos no prevé actualmente desempeñar un papel destacado en la combinación energética del futuro debido a los elevados costes que entraña y al prolongado período de tiempo que conlleva la construcción de las infraestructuras, así como a los posibles riesgos ambientales.

Según el estudio anteriormente citado, la electrificación de los sectores de uso final de Marruecos incrementará la demanda de electricidad. En el contexto de la descarbonización, esta demanda debe ser principalmente cubierta por energía renovable, lo que implicaría reducir la proporción de carbón en la combinación de electricidad.

Pero los bajos costes de producción de los combustibles fósiles, que tienen un reducido precio marginal, pueden afectar a la rentabilidad de los proyectos de energía renovable. Además, la capacidad adicional de la electricidad renovable inyectada en la red puede plantear nuevos retos relacionados con la gestión de la red.

Esto significa que se precisa un desarrollo adecuado de la red y una mayor flexibilidad del sistema. Una amplia gama de tecnologías como los Sistemas de Baterías para Almacenamiento de Energía (SBAE), la respuesta a la demanda, la acumulación con bomba hidráulica y las plantas de biomasa pueden proporcionar dicha flexibilidad.

Se requiere un marco regulador claro y favorable para facilitar la participación en el mercado de las energías renovables y para apoyar el desarrollo de los SBAE y otras herramientas de flexibilidad del sistema. Asimismo, según un informe reciente, la financiación en condiciones de favor y combinada también puede utilizarse para desbloquear la inversión privada en electricidad limpia.

Electrificar el sector del transporte

Reducir la huella de carbono del sector del transporte es una cuestión fundamental en la lucha contra el cambio climático, dada su dependencia de los combustibles fósiles y su contribución a las emisiones. La movilidad eléctrica se considera una solución prometedora para la transición de este sector hacia unos niveles bajos de carbono.

La investigación demuestra la existencia de varios obstáculos que dificultan la transición de la tecnología desde la movilidad alimentada por combustibles fósiles a la movilidad eléctrica:

  • Los vehículos eléctricos (VEs) presentan costes iniciales más elevados que los motores de combustión interna, que conduce a mayores inversiones.
  • El desarrollo de la movilidad eléctrica depende estrictamente de la mejora de los costes de la tecnología SBAE y del desarrollo de la infraestructura de recarga.
  • Los modelos de adquisición y licitación se centran comúnmente en los costes iniciales sin considerar toda la estructura de gastos y beneficios de los VE.
  • Las incertidumbres sobre el rendimiento a largo plazo de los SBAE y un mercado que no está maduro pueden limitar el atractivo de los VE para los inversores públicos y privados.

Estudios realizados en Estados Unidos y Marruecos demuestran que se necesita tanto una combinación de políticas para reducir gradualmente los vehículos contaminantes como introducir tecnologías de baja emisión de carbono. Estas políticas pueden adoptar la forma de incentivos indirectos, como límites de emisiones y ciclos de vida para vehículos contaminantes o privilegios de conducción para usuarios de VE, como carriles especiales, aparcamiento preferencial o gratuito y, exención de peajes.

También pueden tomar la forma de incentivos financieros directos para reducir los costes iniciales más elevados de capital de los VE (subvenciones al gasto de capital o exenciones de derechos de importación sobre vehículos y componentes) y para favorecer que los clientes adquieran este tipo de vehículos (descuentos en compra).

Además, se requerirá una elevada inversión para desarrollar infraestructura de recarga y estimular la investigación y la innovación con el fin de mejorar el rendimiento y reducir los costes. En este sentido, Marruecos se beneficiaría del desarrollo de una industria nacional para evitar la dependencia tecnológica.

Una transición justa y rentable

Cualquier hoja de ruta hacia la descarbonización debe ser rentable y socioeconómicamente sostenible para garantizar que nadie se quede atrás.

La exigencia de aumentar la inversión para impulsar la descarbonización es ineludible. Estos gastos, sufragados principalmente por el Estado, corren el riesgo de sobrecargar la deuda pública. De ahí la necesidad de incentivos financieros y no financieros específicos que se dirijan a los diferentes sectores de la economía para apoyar la transición.

Las medidas financieras cubrirían sobre todo incentivos a los gastos de capital de las tecnologías de baja emisión de carbono, como las renovables para el sector energético, los vehículos eléctricos para el sector del transporte, las intervenciones en materia de eficiencia para la industria y los sectores terciarios y, las bombas de calor y las calderas térmicas solares y de inducción para los sectores agrícola y residencial.

También podrían incluir la eliminación de los subsidios para combustibles fósiles en el sector energético y la implementación gradual de un sistema de fijación de precios del carbono. También se requerirá el desarrollo público de la infraestructura de redes para apoyar la descarbonización de los sectores.

Las medidas no financieras pueden incluir reformas al marco regulatorio e institucional que rige los proyectos energéticos para estimular la participación del sector privado. Será preciso abordar la reforma de los subsidios al gas natural licuado, al tiempo que se proporcionan mecanismos de protección para el segmento social más vulnerable. Asimismo, la definición de normas técnicas y ambientales será esencial para la nueva construcción y renovación y para sectores específicos.

A la larga, el aumento de la inversión debería compensarse con la disminución en el coste social del carbono, reduciendo así el coste económico total de la transición. Además, las tecnologías menos contaminantes tienen el potencial de incrementar la productividad.

En última instancia, la transición energética creará nuevos empleos e industrias al tiempo que transformará otros, si no los elimina. Por lo tanto, se deben preservar el empleo y la competitividad industrial. En este sentido, Marruecos debería abordar el desafío de adaptar la fuerza laboral desde actividades intensivas en carbono hacia alternativas más ecológicas y garantizar la creación de nuevos y suficientes puestos de trabajo en industrias limpias y sectores relacionados.

 

Autora:

Rim Berahab es economista del Policy Center for the New South, un grupo de expertos con sede en Rabat. Actualmente trabaja en temas relacionados con el comercio internacional y la integración regional en África.