Trabajadores migrantes en la pandemia del Covid-19

Millones de trabajadores migrantes en todo el mundo constituyen una importante fuente de ingresos para sus familias a la vez que contribuyen más ampliamente a la economía de sus países tanto de origen como de acogida. En la actualidad, como resultado de los cierres de fronteras y confinamientos generalizados en respuesta a la emergencia sanitaria mundial, muchos no logran protegerse, volver a casa o ir a trabajar. Como explica esta columna, es imperativo buscar soluciones a los problemas que enfrentan los trabajadores migrantes durante la pandemia del Covid-19.

Según avanza la crisis global del Covid-19, las medidas para contener al nuevo coronavirus también están siendo sentidas por los trabajadores migrantes en todo el mundo, que intentan regresar a su hogar o que no pueden desplazarse para ir a trabajar. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en 2017 había 164 millones de trabajadores migrantes – personas que habían dejado sus países de origen para buscar trabajo a nivel mundial en granjas, sistemas sanitarios y mucho más.

Por ejemplo, los guatemaltecos constituyen buena parte de la mano de obra temporera del sector agrícola de Canadá y países como Alemania dependen en gran medida de los trabajadores migrantes para actividades de cultivo y cosecha. También en Sudáfrica, es probable que trabajadores del África meridional y oriental ocupen muchos de los empleos peor pagados.

La estimación de la OIT no incluye a los migrantes que trabajan en sus propios países: por ejemplo, sólo en la India, millones de personas de zonas rurales trabajan en las ciudades para poder ocuparse de sus familias. Estos trabajadores migrantes trabajan como mano de obra ocasional por jornales, sobre todo en obras de construcción en todo el país, para satisfacer la voraz demanda de mercado inmobiliario por parte de la clase media y los ricos.

Implicaciones de los cierres de fronteras y confinamientos para los trabajadores migrantes

En muchos países, las fronteras están actualmente cerradas a los no residentes con el fin de reducir la transmisión del Covid-19 y limitar el número de casos importados. Se anuncian confinamientos nacionales en todo el mundo. Esto afecta a los trabajadores migrantes de diferentes formas.

En primer lugar, la pérdida de ingresos y el regreso a casa puede significar la vuelta a la pobreza extrema tanto para los trabajadores como para sus familias – las remesas que envían los migrantes suponen un salvavidas económico imprescindible para millones de familias que tratan de llegar a fin de mes. El Banco Mundial espera que los flujos de remesas a los países de ingresos bajos -y medios- en 2019 hayan alcanzado los 550 billones de $, convirtiéndose en la principal fuente de financiación externa.  Mientras las sumas de dinero transferidas como remesas nacionales son en promedio más pequeñas, estas son las que tienden a alcanzar más hogares y a personas más pobres.  

Estudios sobre crisis económicas anteriores en los principales destinos de migrantes han demostrado cómo las remesas disminuyen y las familias migrantes necesitan buscar fuentes alternativas de ingresos. Esas fuentes pueden no estar disponibles si los países de origen de los migrantes también están afectados por la crisis.

Segundo, una situación difícil puede complicarse aún más debido al estatus legal de los migrantes y las condiciones en las que trabajan. Los trabajadores a menudo viven en alojamientos saturados, donde pueden estar expuestos al virus. Los migrantes informales o irregulares carecen generalmente de acceso a asistencia sanitaria o a un seguro: muchos viven con miedo a enfermar sin el apoyo que les proporcionan la familia y los parientes.

Como la India declaró el confinamiento en todo el territorio nacional, muchos trabajadores migrantes se dirigieron en masa a los trenes abandonando las ciudades por los pueblos, eligiendo viajar a pesar de la inseguridad y la carga económica de tener que costear el alquiler o la comida mientras las oportunidades de empleo y las redes de transporte estaban a punto de paralizarse.

¿Qué hacer?

Las respuestas tanto a estos retos como a los problemas a largo plazo que abordan las economías en todo el mundo residen en la supresión de las prohibiciones de viaje a los trabajadores migrantes con visados de trabajo estacional y en la implementación de medidas que les protejan frente al Covid-19 de forma efectiva mientras se contiene su expansión.

Los países de acogida y las autoridades locales deberían considerar proporcionar acceso a alojamiento seguro que permita a los trabajadores migrantes poder auto aislarse. También debería garantizarse el acceso a los servicios de atención sanitaria y seguro en caso de enfermedad, así como a ayudas de renta básica. Portugal ha dado recientemente ejemplo al conceder plenos derechos de ciudadanía a los migrantes durante el período de la crisis del Covid-19.

Mientras puedan ser necesarios los confinamientos en algunas zonas, los decisores políticos también deben considerar alternativas que no lleven a los trabajadores pobres (muchos de los cuales son migrantes internos) a verse privados de sus medios de vida durante períodos prolongados. Por ejemplo, la realización de pruebas masivas a la población en edad de trabajar podría acelerar la vuelta al trabajo de aquellos que ya han desarrollado inmunidad al virus.

Otras acciones inmediatas incluyen compartir información sobre el Covid-19 en los idiomas más comúnmente hablados entre los migrantes. Asociarse con agencias de contratación de migrantes puede ser clave para el éxito de dichas campañas, dado que estas agencias tienen generalmente contacto directo con los migrantes y conocen sus situaciones y necesidades.

Derechos fundamentales de los trabajadores migrantes

La crisis del Covid-19 subraya una vez más la vulnerabilidad de los trabajadores migrantes a contratos informales, empleadores explotadores, condiciones de trabajo inseguras y acceso restringido a servicios básicos. La campaña por los derechos fundamentales de los trabajadores migrantes debe seguir garantizando que nadie se queda atrás.

 

 

Autores:

Eva-Maria Egger es una economista aplicada con un doctorado de la Universidad de Sussex, Reino Unido. Es investigadora  en UNU-WIDER con sede en Mozambique, donde también trabaja como asesora técnica para la evaluación de la pobreza en el Ministerio de Economía y Finanzas.

Kunal Sen es el director de UNU-WIDER, y es profesor de economía del desarrollo en el Instituto de Desarrollo Global de la Universidad de Manchester.