Ciencia, finanzas e innovación

Lecciones globales sobre la financiación de la investigación con pueblos indígenas

7 min

by

Fany Ramos Quispe, Yayan Hidayat, Cristina Fueres Guitarra, Gaston Kremer, Rubiela Barnet and Nicole Arbour

Una cuestión esencial en materia de estudios de desarrollo es quién tiene la autoridad y legitimidad para realizar estudios científicos en los bosques, la región ártica o la sabana. Este aspecto es especialmente importante a la hora de garantizar que las voces de los pueblos indígenas sean consideradas con el objetivo de subrayar su estatus como portadores y generadores de conocimiento, y no como objetos de investigación.

Los sistemas internacionales de financiación científica tratan a los pueblos indígenas como objetos de investigación y fuentes de datos, en lugar de como colaboradores a la hora de generar conocimiento y hacer ciencia. El conocimiento sobre los pueblos indígenas se obtiene sin su participación activa para luego ser usado para regular su existencia. 

Peor aún, el papel de participación de los miembros de los pueblos indígenas se reduce al de «conectar a la comunidad científica con el territorio», sin que ello vaya acompañado de un presupuesto asignado, mención de autoría o una contrapartida importante para su comunidad, al margen de los viajes para asistir a algún evento. Es preciso reflexionar sobre esta presencia de carácter simbólico y decorativo.

Se trata de un desafío diferente, que comparte sin embargo raíces con el conocido desajuste en la financiación de la lucha contra el cambio climático mundial, para el que se estima que menos de un 1 % de los recursos llegan a los pueblos indígenas y a las comunidades tradicionales de forma directa. En este caso, el obstáculo se encuentra en el acceso mismo a la financiación para la investigación, ya que la exclusión empieza incluso antes de que se produzca el desembolso: empieza con cómo la ciencia define quiénes son considerados como poseedores del conocimiento y de las habilidades, así como quiénes pueden ser denominados «investigadores». Todo esto sucede a pesar del reconocimiento por parte de los actores científicos occidentales de los pueblos indígenas como principales guardianes de más del 30 % de las tierras y océanos, así como conservadores de nada más y nada menos que el 80 % de la biodiversidad restante en el planeta.

Barreras estructurales: igualdad, reconocimiento y liderazgo

El conocimiento de los pueblos indígenas suele ser considerado como «no científico». La distinción misma entre lo que los investigadores y agentes financiadores llaman «ciencia» y lo que no ha minado el conocimiento indígena. Una forma de abordar este fenómeno es crear relaciones más igualitarias entre los pueblos indígenas y los investigadores de origen no indígena.

Estamos ante un problema fundamental de reconocimiento. La diferencia es sutil, pero decisiva. La igualdad equivale a un único modelo de ciencia en el que los pueblos indígenas deberían ser incluidos e integrados en términos más justos. El reconocimiento implica la aceptación de que los pueblos indígenas tienen sus propias metodologías para generar conocimiento, así como el hecho de que los agentes financiadores no deberían traducir o adaptar estas metodologías a los formatos occidentales, sino mantener y fomentar su conocimiento.

Un ejemplo en América Latina es el de las «mingas de pensamiento», espacios colectivos en los que se comparte conocimiento y comida. Un enfoque de investigación que reconozca el conocimiento experto de los pueblos indígenas podría catalogar las «mingas de pensamiento» como una metodología de campo en sí. 

Esto difiere radicalmente de los sistemas predominantes de evaluación científica, en los que las preguntas suelen ser las siguientes: «¿Qué titulación tienes?», «¿Qué puesto ocupas?». Estos filtros pueden invisibilizar a las personas mayores, quienes, sin un título oficial, pueden identificar unas 50 variedades de yuca en un abrir y cerrar de ojos. Es decir, más de lo que cualquier biólogo recién llegado al territorio podría identificar.

Todas estas barreras estructurales son el motivo por el que el conocimiento indígena sigue siendo tratado, tanto en el ámbito científico como por los sistemas de financiación, como un objeto de investigación o como un medio para conectar ciencia y territorio, en lugar de como ciencia en sí.

¿Qué deberíamos hacer para dar valor al conocimiento indígena?

Existen numerosas medidas prácticas que podrían mejorar el reconocimiento y el liderazgo de los pueblos indígenas y de las comunidades locales en el ámbito de la investigación científica. 

En primer lugar, todas las convocatorias de investigación deberían incluir un ejercicio obligatorio de delimitación del alcance del estudio dedicado a la creación conjunta con los pueblos indígenas y las comunidades locales, concebido en colaboración con sus organizaciones y comunidades desde la fase inicial y no únicamente en la fase de consulta. 

En segundo lugar, tanto las comunidades como las organizaciones en cuyo territorio se desarrollen proyectos deberían tener acceso directo a financiación y contar con un comité director, compuesto por personas de pueblos indígenas, que ostente un verdadero poder de decisión en lugar de un papel consultivo. 

En tercer lugar, cada proyecto financiado debería tener capacidad para desarrollarse a largo plazo y poseer su propia infraestructura en el territorio: sus propios sistemas de información y metodologías, investigadores formados y un repositorio de conocimientos que persista una vez que la financiación llegue a su fin. 

Por último, las convocatorias de propuestas deberían emplear un lenguaje accesible para los pueblos indígenas, reconociendo de esta forma que la «investigación» no es un término o un concepto que los miembros de estas comunidades empleen de igual manera.

No partimos de cero. Desde 2010, Canadá ha solicitado que las propuestas de investigación de los tres organismos de financiación federales (Tri-Agency) cuenten con un componente investigador relacionado con los pueblos indígenas con el objetivo de incluir un plan formal de  compromiso comunitario. Asimismo, cuenta con un Grupo de Liderazgo Indígena sobre Investigación que asesora a los organismos de financiación. 

En Tailandia, el proyecto de la Asociación Pgakenyaw para el Desarrollo Sostenible muestra cómo un modelo de «escuela de campo» puede integrar a las comunidades, los gobiernos, al ámbito académico y a las ONG en torno al principio de que los ecosistemas y el legado cultural son indisociables. 

La financiación liderada por los pueblos indígenas es un mecanismo que ya está en funcionamiento. En la Amazonia brasileña, el fondo Podáali, la plataforma Shandia de la Alianza Global de Comunidades Territoriales y la Fundación Indígena FSC son la prueba de que la gestión de la financiación liderada por los pueblos indígenas es una realidad a nivel operacional. Brasil presenta también dos casos recientes que demuestran que este plan avanza actualmente a paso seguro. Por un lado, la iniciativa Learning Pathway – Innovation for Climate Adaptation: Guardians of Biodiversity (‘Itinerario de aprendizaje sobre innovación para la adaptación climática: guardianes de la biodiversidad’) forma a los líderes de las comunidades para que se involucren de manera activa en el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Por otro lado, tenemos el proyecto Entre Ciências: Territórios de Saber em Diálogo, que invertirá 7 millones de dólares durante cinco años en la formación de personas indígenas y de investigadores sobre las comunidades tradicionales en la Amazonia y en la región de Cerrado, incluyendo financiación para la investigación dirigida por las comunidades y para trabajar sobre herramientas para la soberanía de los datos. 

¿Por qué todo esto ha cobrado importancia ahora para la ciencia y la sostenibilidad?

La Plataforma de las Comunidades Locales y los Pueblos Indígenas prevé dos periodos de consulta abierta este año para definir su programa de trabajo para los próximos cuatro años. En 2025, el Convenio sobre la Diversidad Biológica organizó la primera reunión de su nuevo órgano permanente dedicado al conocimiento, los derechos y la participación en las políticas sobre biodiversidad de los pueblos indígenas y las comunidades locales.

En la COP30, se aprobó el Programa de Implementación Tecnológica de Belém y se lanzó el Fondo para Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés). El primero es la versión renovada del Mecanismo Tecnológico de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático; y el segundo es una iniciativa global de financiación combinada liderada por Brasil que aspira a proporcionar al menos el 20 % de los fondos a los pueblos indígenas y las comunidades locales. Estas iniciativas crean un ámbito institucional que permite integrar la participación indígena no solo en la financiación para la investigación sobre la biodiversidad, sino también en la cooperación tecnológica futura bajo el paraguas de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. 

Los proyectos de colaboración multilateral para la investigación están tomando forma, con una gran diversidad de proyectos en marcha en los territorios de la CEPI. La financiación para la investigación en este contexto debe estar alineada con los procedimientos internacionales en materia de política ambiental, así como con las prioridades, prácticas y estructuras de gobernanza de la CEPI. Todo ello garantizando, además, la aportación de sus conocimientos de forma equitativa.

Estos procedimientos abren la posibilidad de abordar la cuestión de si el conocimiento indígena pasa a ser coautor del programa científico y tecnológico a escala global, o si su aportación sigue limitándose a una nota a pie de página en la sección de agradecimientos.

Fany Ramos Quispe
Coordinación transdisciplinar y enlace con los pueblos indígenas, Belmont Forum.
Yayan Hidayat
Miembro de la Alianza de los Pueblos Indígenas del Archipiélago (AMAN)
Cristina Fueres Guitarra
Investigadora indígena Kichwa
Gaston Kremer
Director Ejecutivo, World-Transforming Technologies (WTT)
Rubiela Barnet
Miembro, Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI)
Nicole Arbour
Directora ejecutiva, Belmont Forum